domingo, 11 de enero de 2009

RESPETEMOS A NAISMITH

Según parece, James Naismith, o Jim entre los suyos, era uno de los chicos más fortachones del colegio. Y su biografía dice que se licenció en Arte con más voluntad que vocación, pues antes que inventor fue sobre todo un enamorado del deporte con grandísimas influencias presbiterianas, lo cual le llevó a la necesidad de ayudar a otros mediante dos herramientas: ejercicio y espíritu. El resto es más conocido, claro. Un día le encargaron que creara un juego bajo techo, porque en Massachussets hacia mucho frío en invierno, y nos dejó el baloncesto. No podremos agradecérselo bastante.
O tal vez sí. Se me ocurre que lo hacemos cada vez que respetamos su invento, por ejemplo. Y el Basket Ball nació con dos objetivos fundamentales: “que sea justo para todos, y que esté exento de juego sucio”. Es decir, para que fuera practicado por buenos chicos. Esto viene a cuento porque el Joventut fichó en verano a Lonny Baxter, pero no debutará la semana que viene. Resulta que se ha pasado sesenta días entre rejas debido a su pasión por las pistolas. En cambio, si buceamos en su biografía, nos encontramos con que su entrenador universitario dijo de él lo siguiente: “Lonny es como solían ser los jugadores de antes: chicos que llegaban a la Universidad con la idea de estar cuatro años e ir poco a poco convirtiéndose en grandes jugadores de baloncesto”. Lo cual, que no siempre fue tan malo, y si Naismith viviera, un suponer, quizá simplemente le diría que dejara de hacer el imbécil con las pistolitas. Algo parecido a lo que David Stern le ha dicho esta semana a Rasheed Wallace, otro gran jugador con pasado universitario ‘Tar Heel’, como Michael Jordan, pero que en vez de engrandecer su biografía soplándonos, por ejemplo, que bajo los pantalones de su equipo NBA siempre lleva las mallas de su Universidad, como hacía MJ para que su padre se sintiera orgulloso de él, le da últimamente por meterse con la limpieza de la empresa que le otorga prestigio y millones de dólares. “Tenemos un gran juego que representa un privilegiado modo de vida para mucha gente –Rasheed y yo incluidos-, y entiendo que deberíamos aprender a ser más respetuosos con el trabajo de tanta gente que nos ha traído hasta aquí”. Ha sido la respuesta de Stern. Y es que el comisionado NBA se siente más a gusto cuando los que prescriben el juego son buenos chicos. ¿Lógico, no?

Diario Público, nov 2007

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