domingo, 11 de enero de 2009

SIGUE SOÑANDO, ROGER, POR FAVOR

Calculo, sin mirar su biografía, que ya deben ser más de veinte años creyendo que se pueden pegar todas las derechas y todos los reveses con la raqueta por delante del cuerpo, como trataban de enseñarnos los profesores cuando empezábamos. Me acuerdo de que esa era casi la primera lección. ¡Ponte de lado y pega delante! Se oía prácticamente con cada pelota que uno trataba de impactar. La bola llegaba desde el otro lado de la red, y en ese momento el profesor, dada la premura de la acción, enmarcaba toda la verdad filosófica del tenis en tres palabras y una orden: ¡pega siempre delante!
Pegar siempre delante. El sueño de cualquier amante del tenis. Solamente cuando el tenista principiante ha conseguido controlar la velocidad de bola con el profesor al lado de la red, estará dispuesto para el siguiente reto. El profesor se irá entonces alejando hacia el fondo de la cancha proponiendo un intercambio a una mayor distancia. Pero la velocidad de bola tendrá que estar en todo momento bajo control, lo cual querrá decir que habrá que ingeniárselas como sea para seguir cumpliendo con el Santo Grial de este juego; pegar siempre delante. Es la filosofía. Es la clave. Es… un sueño.
Un sueño que, en caso de durar más de veinte años, por ejemplo, hará que sea prácticamente imposible perder partidos. Y entonces, lógicamente, a uno podrán llamarle de todo, con la admiración y el respeto que provoca la incredulidad. Incluso, dirán de uno que es el mejor de todos los tiempos, o que si no lo es lo será bien pronto. Y uno podrá pasearse por las pistas dando la sensación a los rivales, al público y a la prensa de que en realidad no cuesta nada practicar este bello deporte.
¿Pero, qué ocurrirá cuando Federer despierte y sea consciente de que no se puede jugar así al tenis? ¿Qué será de él cuando se de cuenta de que en la vida real la pelota viaja mucho más deprisa que en sus sueños, y que es físicamente imposible seguir pegando siempre delante?
Contaban hace unos días los cronistas, a modo de anécdota, que el suizo se había quedado dormido en una camilla del vestuario antes de su partido contra Cañas y que le habían tenido que despertar apenas diez minutos antes del partido. No lo crean. Todo es mentira. Federer, pese a derrotas como las que sufre contra Nadal en Roland Garros, o la de esta semana, todavía no se ha despertado. Y más le vale seguir así, porque el día que abra los ojos y se de cuenta de que no se puede jugar al tenis como él sueña, cogerá sus bártulos, guardará sus raquetas y nos dirá que se acabó. Estoy convencido de que jamás podría aceptar seguir intercambiando pelotazos cuando se entere de que, en el mundo real, a todo tenista le ha llegado el momento de perseguir la bola de un lado a otro de la pista, con la lengua fuera y sobrepasado por su velocidad. En el mundo irreal de Roger, eso todavía no ha ocurrido. Ya sea en sus victorias, como casi siempre, o en las derrotas, como en esta ocasión, les ruego que no aplaudan demasiado fuerte, por favor, no vayamos a despertarle. Su sueño es nuestro disfrute.

-diario Público, octubre 2007-

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