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EL LISTÓN DEL NÚMERO UNO

El tenis y el golf viajan de la mano en cuatro momentos concretos de sus respectivas temporadas, sus torneos “Grand Slam”, que sirven para concentrar al espectador alrededor de la gloria. En ellos, la victoria es mucho más que un trofeo y un gran cheque. Ganar Wimbledon, por ejemplo, eleva la clase social del jugador para siempre, con detalles como ese exclusivo vestuario de campeones al que Nadal aspira a entrar en pantalones-pirata. En ambos casos está muy definido además el concepto de ‘cuarto grande’. En el golf le corresponde al Open de la PGA y en tenis al recién finalizado Abierto de Australia. Su paralelismo es todavía mayor, pues normalmente se distinguen por lanzar nuevos nombres a la arena de aspirantes a número uno. Sucedió con Sergio García en 1999, cuando, con 19 años, puso en aprietos a Tiger Woods en la última jornada de un PGA recordado por aquel golpe imposible detrás de un árbol, y acaba de suceder en Melbourne, con la sorprendente eliminación de Federer y Rafa en se...

TIRAR Y METER

¿Cuál es la diferencia entre un buen jugador de baloncesto y uno malo? Prueben a realizar la pregunta delante de un número representativo de entendidos de nuestro deporte. Podrían garantizarse un amplio número de respuestas: les aporto una, por si quedó fuera del amplio espectro. “La diferencia entre un buen jugador y uno malo, es que el bueno normalmente tira y mete, y el malo normalmente tira y no mete”. Les aseguro que cuando me tocó responder, hace años, ni se me pasó por la imaginación: y eso que ya me pagaban por jugar. En mi descarga diré que tuve que responder después de una derrota, y supongo que las excusas no me dejaron ver el norte. Me acuerdo que luché por imponer mi criterio sobre las causas de un mal partido. Quizá empecé hablando de un mal arbitraje, para seguir por los errores del entrenador, antes de cerrar el catálogo de posibles justificaciones con algún pívot incapaz de finalizar un ataque, o con el alero que desperdiciaba balones. Seguramente todo era verdad, pero...

LOS EMPAREJAMIENTOS Y BILL MURRAY

Nos lo tomamos a broma, aviso de que seguramente no seré el único que haga la referencia, y pido perdón de antemano pues una parte importante de la aportación de alguien que –supuestamente- sabe de algo debe estar basada en la originalidad del comentario. Pero no me digan que el próximo sorteo de los emparejamientos de la Copa del Rey no quedaría perfectamente contado por aquel gran Bill Murray que, en la película El Dia de La Marmota, se levantaba cada mañana con el mismo escenario –y las mismas escenas- del día anterior. Comprenderán, comprendemos, que por mucho esfuerzo que se ponga no es posible vender el enésimo partido de primera ronda Madrid-Barcelona como el cruce del siglo. Bill pondría esa cara que sólo sabe poner él, e inexpresivamente comentaría: amigos, es otro Madrid-Barça. Disfrútenlo. Y seguro que sale bueno, porque La Copa, ese gran invento, lo potencia todo. ¿Será mejor el Cruce de la Marmota que el Tau-Pamesa, o que ese nostálgico Estudiantes-Joventut que a todos no...

EL HOMBRE QUE SABIA DEMASIADO

“Pablo, la razón es narrativa”, me solía apuntar cuando –como es habitual- me iba por las ramas, y supongo que lo seguirá haciendo porque no creo que perdamos el contacto. Al fin y al cabo, sólo se ha retirado del baloncesto, pero no parece sencillo que pueda dejar de ser mi hermano. Hay cosas, menos mal, que no dependen ni de su voluntad, ni de mis méritos. Gonzalo Martínez, Gonzalito para los de Estudiantes, o G-MAN en Gran Canaria (hay vestuarios más modernos que otros), se ha vuelto a adelantar a los acontecimientos: esta vez, se adelantó a su último contrato deportivo. Vio más allá –como es habitual-, analizó el problema, y tomó una decisión. Seguramente de nuevo la correcta. Es la historia de su vida, qué se le va a hacer. La historia de un privilegiado individuo que ha venido utilizando montones de herramientas sobre las que apoyarse y no dejar de crecer. Y uno, que le ha podido seguir de cerca, que se tiene por curioso y que además lo admira, a veces se preguntaba: ¿no se le qu...

PRIVILEGIADOS.

Ganarse la vida jugando al baloncesto es sin duda un privilegio. El juego es uno, pero las especialidades varias. Los que más suelen disfrutar son los mete-puntos. Y eso que desde hace tiempo escasean estadísticas como la de Rudy del sábado: 34 puntos con 23 tiros a canasta; quién los pillara. Anotar se complica cada vez más, aunque los niños, en los entrenamientos, supongo que seguirán soñando con tirar mucho y meter siempre. En un segundo nivel de privilegio deberíamos colocar a los que organizan. Sobre todo cuando el entrenador delega claramente los galones con mando en cancha. Quizá este tipo de jugador no siempre lo pase tan bien como el que tira cuando quiere, pero les aseguro que se puede disfrutar bastante con ese desempeño. En un tercer peldaño necesariamente aparecen los que se pegan dentro y fuera. Los fuertes. Aunque fuertes ahora están todos, nos estamos refiriendo a los que cobran fundamentalmente por rebote, bloqueo, defensas de máxima exigencia, y otros trabajos de grue...

APRENDER A GANAR

Lo más difícil del baloncesto, sin duda. Lo más difícil de cualquier deporte. ¿Se puede enseñar a un jugador a ganar un partido? Se le puede enseñar la técnica del juego, la defensa, el ataque, el pase o el tiro, pero sólo unos cuantos privilegiados consiguen entender el cómo y el porqué de una victoria. Esos jugadores valen mucho dinero. Cuando se da la circunstancia de que se juntan varios en el mismo equipo, difícil será para el contrario. Estos jugadores tienen una cualidad que los distingue del resto: su concentración permanente en el juego. Desde que ponen el pie en el parqué, sólo tienen un objetivo. Sin más. Sin muchos adornos, sin concesiones al lucimiento más allá de las estrictamente necesarias, pero con la idea muy clara; qué hacer para que el equipo gane. Ser un buen jugador de baloncesto no significa tener esta cualidad ni mucho menos. Es más, en un deporte tan estético como el nuestro, no todo el mundo es capaz de valorar esta especial virtud. Para definir a un jugador s...

HUELVA EN MIS RECUERDOS

Una de las cosas más bonitas que puede suceder en esto del deporte profesional, es ésta: imaginad que, trascurrido un tiempo, pasada ya la página de ponerse las zapatillas todos los días, para ganarse mal que bien los duros tratando de ordenar en la cancha a cuatro compañeros –cosa que costaba un mundo, por cierto-, le piden a uno escribir unas palabras para recordar una experiencia imborrable, o para saludar a toda una afición inmejorable y a una ciudad en la cual fui feliz; que todo eso fue Huelva para mí. Pues eso me ha pedido un gran amigo. A ver si soy capaz de poner en un pedazo de papel algo que nunca se me olvidará; los seis meses que pasé junto a vosotros. A la historia, por lo menos a la que yo tengo en mi recuerdo, habría que cambiarle el epílogo. Si un guionista americano de esos que siempre acaban con sus finales llenos de felicidad, se hubiese encargado de la película, ni yo me hubiese lesionado, ni John Williams nos hubiese metido ese ‘churro’ en el último segundo del ú...