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CHILDRESS EN OLYMPIAKOS, PERO TAMBIEN PAPALOUKAS Y GREER

Los que hayan jugado, a cualquier nivel, tendrán alguna vivencia parecida: se llegaba al patio del rival, con los aros duros y el ambiente desapacible, y siempre aparecía un contrario con las mejores zapatillas del mercado, los pelos a la última, y unos movimientos en la rueda de calentamiento que daba gusto verlos. Reversos, diez mil botes entre las piernas, incluso algún mate para terminar de pintar el cuadro. Al mismo tiempo, agazapado, andaba por allí el gordito de turno que corría a su ritmo, tiraba a su ritmo, incluso tenía tiempo para saludar a los amigos que se habían acercado al patio porque les pillaba cerca de casa. Cuando el partido comenzaba, la inercia llevaba la vista hacia el aparente, hacia el del calentamiento imponente. El que le daba color al partido. Cuando pasaban los minutos, se veía que allí el que mandaba, el que iba a liderar el asunto y a dar los pases justos en el momento preciso, era el cabrón del gordito. Durante los minutos que se pasaba sentado en el ban...

¿Y SI HUBIERA GRANIZADO?

Al principio de la final entre Nadal y Murray en Indian Wells el diagnóstico estaba claro: aquel se descentrara lo menos posible con el ventarrón de California, tendría el partido de cara. ¿Y si no era Nadal? ¿Y si el escocés, de verdad, está en la senda que lleva al dominio, al asalto del número uno? Bien, pues ya tienen las respuestas. Las preguntas eran lógicas. Murray venía de hacerle un destrozo a Federer -uno más; ¿cuántos aguantará el suizo?-, venía de una solidez asustante en los golpes de fondo, con esa máxima que se aplican los tenistas con el gen competitivo desde que les enseñan a pasar pelotas por encima de la red en su club; "¡pasaré una pelota más que el contrario, siempre!". Ah, pero ese ¡siempre! es territorio prohibido. Es de Rafa, y no lo suelta. Durante lo poco que duró la lección de concentración tenística (apenas hora y media), uno podía estar haciéndose todo tipo de preguntas mientras veía sufrir a Murray con el temporal como si fuera un juvenil, y disf...

LOS SIRVIENTES DE LA CAUSA

La frase se me quedó grabada desde el primer día que se la escuché. "Hay una señal muy clara para saber pasar la página en la profesión de entrenador de primer nivel: un día te levantas, y eres consciente de que piensas antes en la familia, o en los amigos, que en el próximo entrenamiento o el siguiente partido". Así de radical me lo ponía uno de los grandes sirvientes de la causa del baloncesto español del siglo pasado, de profesión hoy maestro consultor. Viendo la reacción del equipo de Ivanovic ayer, tras dos derrotas que habían sembrado dudas, uno se imagina la semana familiar de Dusko, ese jefe. Y desde ayer, es fácil también imaginar lo que le queda por delante a Sito Alonso, tras el correctivo encajado. Si un entrenador es un hombre pegado a una misión, un entrenador en problemas simplemente eleva esa misión a la categoría de imposible, como aquel cartel que presidía el viejo vestuario de Magariños, y que los jugadores mirábamos con cierto desprecio: "aspira siemp...

ROCKY FEDERER

No he visto su partido contra Verdasco en Indian Wells, pero sí un pequeño resumen que me servido para elaborar una impresión; el llanto de Australia marca el final de un ciclo. Apenas fue un gesto al final del partido. Una expresión en su cara. No sé si mis ganas de verle de nuevo imbatible (soy Federista de religión) estarán deformando la realidad. Lo veremos en cuanto se enfrente de nuevo a la bestia, que además sigue cobrándose piezas por el camino. Lo de Nadal está fuera de toda lógica, o sea que centrémonos en la lógica de Roger, que al menos es humano. Hay algo en este duelo absolutamente cinematográfico. Es una pena que el tenis no sea boxeo, o incluso baloncesto, y esté tan lejos de la carga de emociones que necesita una buena película con trama deportiva. Aunque no sé, tal vez alguien se anime y de por fin en el clavo. O al menos se realice un buen documental. Jamás tendría tanto sentido. Si el productor fuese español, o simplemente nadalista, el final perfecto hubiera sido A...

EL MEJOR REGALO PARA UN PADRE

Me llama mi padre por teléfono. Lo tengo sin volumen y no lo escucho. Estoy jugando con mi hijo. Mi padre insiste, intenta localizarme en el móvil. Al fin lo consigue. - ¿Lo has visto, hijo? - ¿El qué? - El partido de Nadal en Indian Wells. Acaba de terminar a las 10 hora de España, las 2 de la madrugada en California. - Pues no sabía que estaba jugando. ¿Contra quién? - Contra Nabaladian. No sabes lo que te has perdido. El partido del siglo... - ¿Otro? - Sí, otro. Pero este es irrepetible... - Por... - ...Pues porque Nabaldian le mete 6-3 en el primer set, y no deja que Rafa pise la pista. Le pasa por encima. Y en el segundo set se pone 5-3 y su saque. A Rafa sólo le queda ir a darle la mano. - ¿Y? - Y con cinco match-balls en contra, con saque de Nabaldian, remonta, gana el segundo set en el tie-break, y le mete 6-0 en el tercero. Ha sido la locura. Ya me imagino. Qué tío. Qué pundonor. Qué lección de competitividad, qué ejemplo de deportista, de modelo social, de tipo incapaz de asu...

LOS ANDARES DE PAU Y TODO LO DEMAS

¿Se han fijado como anda Gasol, como se mueve por la pista, lo chuleta que parece? El cimbreo ha sido consustancial al baloncesto, y es lógico. Esa especie de movimiento desgarbado en los andares del jugador, que ha terminado convirtiéndose en un copyright del propio deporte, es altamente probable que suceda alrededor de cuerpos asimétricos. Si uno de pequeño sueña con ser una estrella de la canasta, parte del sueño corresponde necesariamente a la superficie, al continente, al envoltorio: no sólo habrá que tratar de jugar como Jordan, tirar como Jordan, defender como Jordan, sino que habrá que tratar de andar como Jordan, gesticular como Jordan, o masticar chicle como Jordan. Y ahí donde puse Jordan, actualicemos y pongamos a Kobe, a Lebron, o a Garnett, por ejemplo. Detengámonos en el actual Celtic. “¿A quién te gustaría enfrentarte en la NBA?” Le preguntaban a Pau de forma recurrente en sus inicios, todavía imberbes. Y Pau, seguramente con el piloto automático puesto, producía la mis...

LA PROPIEDAD DEL INVENTO

En el patio del colegio donde me hicieron deportista, jamás hubo canastas y porterías para todos. El que traía la pelota, como mucho elegía compañeros, pero el campo era de todos. Seis balones significaban seis desafíos, y una enseñanza por encima del resto: el baloncesto, o el fútbol, era propiedad de todo aquel dispuesto a jugarlo, incluso en aquellas condiciones. José Calderón, que se fue a la NBA no sólo para jugar, sino para que los demás se enterasen de lo bien que juega, ya es propietario de dos estadísticas individuales en Toronto. Es el que mejor lanza tiros libres de la franquicia, y ahora también es el mejor pasador. Pero él, lógicamente, ubica esos premios en el lugar correspondiente, siempre un paso por detrás del resultado del equipo. Está bien, dice, pero preferiría ganar más partidos. A lo largo de la mañana de hoy, Navarro, a quien en mi patio le hubiéramos pasado los seis balones a la vez, batirá a Epi como mayor triplista del Barça. Es un récord con asterisco, porque...