UN RESPETO AL ESPECTADOR, CON NUESTRO PROPIO DINERO*
España comenzó con una victoria trabajada su andadura por Sydney 2000. Al final fueron diecinueve los puntos de ventaja que obtuvo el equipo de Lolo Sainz, pero en ningún momento, a pesar del 19-2 del inicio, se pudo dar el partido por concluido. En el baloncesto, como en todo deporte de alta competición y desde hace ya bastantes años, la línea entre la victoria y la derrota es muy fina. Con cualquier rival, es necesaria una concentración y un acierto que no siempre son fáciles de conseguir. Cualquier deportista que haya estado en una situación competitiva, sabe lo que significa esto que digo. Pero no todo el mundo ha vivido un partido, una carrera, desde la pista. Sin embargo, por fuerza, por su profesión, algunos se ven obligados a juzgar al atleta, al deportista, en una labor difícil, de máxima tensión.
En baloncesto, TVE ha tenido, hasta hace un par de años, la exclusiva de las imágenes, de los comentarios, y, por tanto, de la opinión. Todo lo que ha venido sucediendo, los éxitos, los fracasos, lo han contado sus profesionales en diversas etapas. Podemos decir, si le damos a la televisión el poder que sin duda tiene sobre el espectador, que el comentarista tiene en su mano lo que podría llamarse ‘el ambiente del juego’. Lo que dice, cómo lo dice, cuando lo dice, a veces se convierte en el verdadero termómetro por el que tomar la temperatura del aficionado.
Supongo que en este punto algunos sabrán a qué viene este análisis un tanto peculiar sobre el partido de España.
No se puede aguantar más. No se debe. Son años y años de una situación insostenible. El baloncesto en España, no se merece el desprecio, al que le viene sometiendo en la menor ocasión la televisión estatal, a través de su comentarista; Pedro Barthe. Demasiado tiempo haciendo un daño enorme a la credibilidad de nuestro deporte. ¡Por favor, ya basta! Ya está bien de ironías, basta ya de desprecios, de comentarios sin ningún rigor, pero siempre desde la premisa, cada vez más acentuada, de subrayar su aburrimiento, su hartazgo por lo que está contando. Si no, no se entiende, que un profesional, que cobra de todos nosotros, sea capaz de decir algo como: ¡por fin sale Navarro, se acabó el aburrimiento! A falta de seis minutos para el final de un partido, con cinco jugadores en cancha representando a un equipo con millones de aficionados. ¿Cabe mayor desprecio hacia estos profesionales? ¿Cabe más falta de amor hacia su profesión? ¿Qué puede pensar un chico que empieza, que tiene la ilusión por llegar donde están los que tanto aburren al comentarista?
Televisión Española puede lanzarnos mensajes de que envía no sé cuántos profesionales a Sydney (casi todos excelentes, por cierto: balonmano, natación, waterpolo, atletismo, ¡qué poco se aburren, qué bien nos lo cuentan, qué envidia); en fin, que nos cuenten todas las cámaras, todos los medios... lo que quieran. Hasta que no le expliquen -y le pidan perdón-, a ese niño, a cualquiera de nosotros que se pone delante del televisor con la ilusión de pasar un rato agradable, hasta que no le expliquen por qué permiten el enésimo desprecio -y penúltimo- a su deporte favorito, lo demás es humo; no vale nada. Yo desde aquí lanzo un SOS. ¡Ya basta! Si se aburre Pedro, ¡qué traigan a otro que se lo pase bien! Señores de TVE: por favor respeten el baloncesto... y sobre todo un respeto hacia el espectador. Tampoco se les pide tanto…
(*) Artículo originalmente publicado en la web de SportsYa.com en septiembre de 2000.

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