Pedro Martínez: "En el alto rendimiento, el éxito no es cambiar a las personas, es influir en su comportamiento"

Por: Pablo Martínez Arroyo e Ignacio Larru (Madrid, noviembre de 2022)

Pedro Martínez (Barcelona, 1961) no cree en los métodos revolucionarios, sino en la adaptación constante. Tras tres décadas liderando equipos en la élite del baloncesto español, su nombre es sinónimo de eficiencia y resiliencia. Hoy, con un Manresa que desafía las expectativas presupuestarias situándose en los puestos nobles de la ACB, Martínez se sienta a analizar con nosotros qué hay detrás de los números y qué papel juega la confianza en el éxito de un grupo.


P: Pedro, el Manresa está rindiendo muy por encima de lo que dictan los presupuestos. Si tuviera que vender su proyecto a un inversor, ¿cuáles son las claves de esta anomalía?

Pedro Martínez: Diría que hay tres factores diferenciales. Primero, nuestra capacidad para fichar talento desconocido; jugadores que llegan a la liga con hambre y se revalorizan aquí. Segundo, un núcleo de veteranos que marcan el ADN del club y enseñan el camino a los nuevos. Y tercero, el Nou Congost. La comunión con nuestra afición genera una energía que nos hace mucho más fuertes en casa de lo que dictaría la lógica.


P: Se habla mucho de transformación y liderazgo. ¿Es posible "cambiar" a un jugador para que rinda o es una utopía?

P.M.: Cambiar es esperar demasiado. La palabra clave para un entrenador es adaptarse y tener empatía. Es casi imposible cambiar la esencia o los valores de alguien que ya tiene una carrera. Lo que sí podemos hacer es influir en su comportamiento a través de la comunicación, el tiempo y, sobre todo, la predisposición del jugador. En el alto rendimiento, más que cambiar a la gente, buscamos el entorno donde su talento sea más útil para el equipo.


P: En esta era de la estadística avanzada, usted menciona que su equipo vigila obsesivamente el "porcentaje de rebote ofensivo" y los "puntos por posesión". ¿Han sustituido los algoritmos a la intuición del entrenador?

P.M.: Para nada. Los datos han evolucionado —hace 30 años todo era manual y hoy tenemos estadísticas avanzadas al instante—, pero el baloncesto sigue siendo un juego de factores humanos. La estadística te da tendencias: nosotros miramos qué porcentaje de tiros fallados somos capaces de recuperar, no solo el número bruto de rebotes. Pero el dato es solo una herramienta; si obligas a un jugador a jugar rápido porque el dato dice que es mejor, pero él no tiene el físico o la técnica para ello, su rendimiento caerá.


P: Hablemos de la personalidad. En la NBA, el 70% de las preguntas de los ojeadores ya son sobre el carácter del jugador. ¿Es esa la asignatura pendiente en España?

P.M.: Totalmente. La personalidad sigue siendo una caja de sorpresas que solo descubres en el día a día o ante la derrota. Un roster puede parecer perfecto sobre el papel, pero si las personalidades no encajan en el vestuario, el proyecto no camina. Este año, nosotros tenemos por ejemplo a Chima Moneke, que se ha convertido en un líder absoluto por su capacidad de contagiar energía, algo que no sabíamos con certeza cuando lo fichamos.


P: El triple ha cambiado la fisonomía del juego. ¿Es el baloncesto actual un deporte "matematizado"?

P.M.: Fue un "profesor de matemáticas" (Daryl Morey) quien cambió el juego al calcular que un 40% en triples rinde lo mismo que un 60% en tiros de dos, con el añadido del impacto mental en el rival. Los equipos que tienen éxito son los que encuentran el equilibrio: usan la amenaza del triple para generar espacios y luego ejecutan tiros de dos de alto porcentaje o provocan faltas. Al final, para ganar hay que ser diferente a la media; si haces lo mismo que todos, no destacas.


P: Por último, las temporadas son largas y las lesiones no avisan. ¿Qué te hace ser optimista para el tramo final?

P.M.: Soy optimista porque tenemos un buen día a día. En equipos con presupuestos limitados, las lesiones nos penalizan más porque no podemos ir al mercado fácilmente. Nuestra virtud fue alcanzar la velocidad de crucero muy pronto. Ahora el reto es mantenernos ahí mientras los "grandes" empiezan a subir su pendiente de rendimiento hacia los playoffs.


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