"Personality goes a long way"


Durante más de 20 años las series de playoff de Euroliga eran totalmente predecibles cuando uno de los equipos ganaba los dos primeros partidos. De 33 series que comenzaron con 2-0 ó 0-2, solamente la del Partizán vs. Real Madrid de 2023 (0-2 para Partizán en Madrid, y victoria del Madrid en los siguientes tres partidos, los dos primeros en Belgrado) acabó con remontada. Y qué remontada, por cierto.

Pero aquella serie nos enganchó a todos mucho más por el impacto de las imágenes de la pelea en el segundo partido, que por la igualdad que se estaba dando hasta ese momento, con un Real Madrid muy perdido hasta entonces, y un Partizán que había sido claramente superior.

Sin embargo, en el playoff entre Panathinaikos y Valencia, con 0-2 a favor del equipo griego a domicilio (el primero ganado en la prórroga, el segundo con una canasta sobre la bocina); con 2-2 ahora mismo tras las victorias de Valencia en Atenas (el 1-2 con los dos entrenadores expulsados en el tercer cuarto, el 2-2 con Panathinaikos teniendo varios tiros para llevar el partido a otra prórroga), y a unas horas de que se celebre el quinto y definitivo partido de nuevo en el Roig Arena, no somos capaces de encontrar momentos que hayan sobrado, en un cruce de cuartos, con ventaja de campo valenciana, que muy pocos aficionados hubiéramos predicho a principios de temporada, y que casi todos estamos disfrutando como uno de los enfrentamientos con más enjundia, emoción (ningún partido se ha decidido por más de 4 puntos), y sobre todo nivel de baloncesto europeo de siempre.


Los estilos tan contrapuestos están ayudando mucho al ‘enganche’ del espectador televisivo. Desde el inicio de temporada, Pedro Martínez dejó claro a todos sus rivales que ellos tirarían muchas veces a canasta y bajarían el culo en defensa como nadie. El equipo de Ergin Ataman es un engaño constante. El rival tiene que ir descifrando cuándo va la cosa en serio, quién se puede enchufar al partido y cómo (“papá, mira: Ataman se ha quitado la chaqueta. Esto se pone interesante”). La sombra del entrenador turco, con Zeljko Obradovic jubilándose, es la más alargada de la competición.


Aunque Valencia sigue teniendo mucho más ritmo de juego -y el público estará de nuevo a favor-, todos sabemos que si Panathinaikos llega vivo a los 3 últimos minutos (llegó perdiendo por 11 al minuto 37 del cuarto partido, y aún así tuvieron posesión para empatarlo), el desenlace del quinto partido quedará de nuevo a expensas de las decisiones que vayan tomando muy pocos jugadores. Es entonces cuando todo el mundo habla de la “personalidad del jugador” como factor determinante.


¿Es posible conocer la personalidad ideal del jugador fiable en los últimos minutos de un quinto partido de playoff con igualdad en el marcador? Y resulta que sí se puede. Y que está muy vinculada a un rasgo que mide nuestra intensidad emocional. Quitarse la chaqueta en el banquillo llama mucho la atención de la chavalería, pero poner el balón, en las últimas posesiones, cuando se juega ya sin red, en los jugadores mejor dotados (técnica y sobre todo emocionalmente), tiene mucho más peso sobre el resultado. 


Ya se lo decía Samuel L. Jackson a John Travolta en Pulp Fiction: “Personality goes a long way”. En este caso, puede llevar a Valencia por primera vez en su historia a jugar una Final Four de la Euroliga, en una serie de playoff que será recordada como una película de culto.






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